Prima
vera de 1837. Cerca de Barcelona, en Sant Martí de Provençals, el nacimiento de una niña, el día 25 de mayo, fue un acontecimiento triste. No iba a tener unos padres que se hicieran cargo de ella.
Pero la Iglesia la recibía con gozo: "Micaela Luisa Teresa, yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo".
La familia Baster-Durán la acogión como a una hija, se la llevó a su casa, la torre Querol, en el actual barrio de Horta de Barcelona. Tendría padres y hermanos con quien jugar.
Tendría el calor de un hogar donde la ternura y los valores familiares y cristianos irían enriqueciendo y modelando aquella vida pequeñita que era una promesa.
Micaela aprendía de forma sencilla y natural. Desde poner la mesa familiar hasta participar en la mesa eucarística. Desde aprender a leer y escribir hasta hacer suyos los contenidos y la experiencia de Jesús a través del Catecismo.
La pequeña era alegre, simpática, se hacía querer.
A medida que crecía, Micaela mostraba una fuerte personalidad: era voluntariosa, trabajadora, dispuesta siempre a hacer feliz a su familia.
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En su interior sentía la inclinación de consagrar su vida a Dios como religiosa. No era aún la hora de Dios.
Micaela comenzó a relacionarse con el joven maestro de obras, Gabriel Grao, que también vivía en Horta. Ella tuvo muy en cuenta los consejos de su familia. el 28 de mayo de 1857, Micaela y Gabriel se casaban en la Parroquia de Sant Andreu del Palomar, felices y decididos a emprender juntos un nuevo camino.
El nacimiento de un niño precioso colmó de alegría a la pareja. Fue bautizado y le pusieron de nombre Juan. La vida era hermosa.
Pero pronto las lágrimas empañaron aquel hogar. Gabriel, el marido, murió al poco tiempo. Micaela vivía este dolor a la vez que sentía la responsabilidad de amar y educar a su hijo, sin contar con el apoyo del padre.
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Para ella era muy importante dar una buena educación cristiana al pequeño Juan. Y salió adelante confiando en el Señor.
Gracias a la orientación del padre Ignasi Mateu, progresaba en conocimientos y profundizaba la fe. Al mismo tiempo aparecían proyectos de futuro.
Cuando en 187
0, el padre Mateu fue nombrado Arcipestre de Vilanova y la Gertrú, propuso a Micaela acompañarle como ama de llaves y para ayudar en la catequesis parroquial. Como Joan, el hijo, se había establecido en Barcelona regentando un negocio de tejidos, la madre decidió marchar a Vilanova iniciando una vida totalmente entregada al servicio de los hermanos.
En la parroquia de Sant Antoni procuraba con la catequesis -que entonces se llamaba doctrina cristiana- que los niños y niñas conocieran y siguieran a Jesús.
Micaela advertía que uno de los grandes problemas de la sociedad era la poca formación cristiana de los bautizados. Confiando en la voluntad de Dios, decidió poner en marcha un proyecto: Fundar una Congregación para impulsar la doctrina cristiana. Hoy lo traducimos por evangelizar y catequizar.
Expuso al obispo Josep M. Urquinaona sus deseos y el dio su autorización el 9 de febrero de 1880 para que comenzase esta obra tan agradable a Dios y que tan útil serí apara la Iglesia.
A partir de aquel momento, Micaela se puso a redactar los estatutos y las normas para iniciar la vida en comunidad. Unas cuantas compañeras, Esperanza, Isabel..., catequistas de la parroquia de Sant Antoni se unieron ilusionadas a este proyecto.
Eran los primeros pasos de las Hermanas de la Doctrina Cristiana.
El don de Dios (el carisma) a través de este grupo será la evangelización, es decir, comunicar con la palabra y la vida la Buena Noticia de Jesús: Lo harán desde tareas diversas dirigidas a las niñas y a los adultos de las clases más desfavorecidas y también a los enfermos más necesitados. La primera comunidad del nuevo Instituto comenzó el 26 de noviembre de 1880 en Molins de Rei.
Son llamadas a Sant Vicenç de Horts por el párroco, Mn. Josep Masmitjà, que conoce el buen trabajo que realizan las hermanas. Aceptan ilusionadas la propuesta y establecen en este pueblo la segunda comunidad.
En el palacio episcopal de Barcelona, las hermanas pronunciaron sus votos de pobreza, castidad y obediencia ante el obispo. A partir de ahora, Micaela será Sor Micaela de la Doctrina Cristiana.
La comunidad iba creciendo y también su misión evangelizadora.
Más adelante la fundadora recibe una petición para fundar en tierras valencianas, en Carlet. Allá van agradecidas a Dios que las quiere libres y desprendidas siguiendo el camino de Jesús para bien de los hermanos.
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En Carlet serán como él portadoras de consuelo, ayuda y conocimiento del amor del Padre, a los más pobre y desvalidos.
Lo realizaron a través de la catequesis, de la escuela y del hospital.
En Molins del Rei, un altercado protagonizado por una muchacha, maestra, llenó de desconcierto a la comunidad. Madre Micaela, mientras limpiaba una imagen de San José, lo había intuido y volvió a Molins de Rei. Su actuación serena devolvió la tranquilidad y el ánimo a las hermanas.
Al cabo de poco, volvió a Carlet volvió a Carlet alertada por la situación que se vivía. Hizo su aparición una epidemia de cólera de grandes dimensiones.
Su entrega fue total cuidando a los afectados por el terrible mal. Su gesto caritativo de amor ilimitado resultó definitivo.
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Habiéndose dado del todo a los demás, Madre Micaela murió de cólera a los 48 años. Murió al estilo del Maestro, dando la vida por amor. Sus últimas palabras fueron una petición a Dios:
El don de dios a Micaela Grao, Madre Micaela, no moría con ella, las hermanas serán las continuadoras para hacerlo presente allá donde el Espiritu de Jesús las conduzca. Surgirán nuevas comunidades.
El noviciado se traslada a Mislata (Valencia) abriendo la puerta a nuevas vocaciones.
Los párroc
os de diversos pueblos conociendo la labor evangelizadora de la Congregación piden que se instalen nuevas fundaciones en sus tierras. Así las hermanas de la Doctrina Cristiana se extienden por Cataluña y Valencia.
El trabajo pastoral en las parroquias, la atención social, las escuelas y hospitales serán los medios para realizar su misión: hacer llegar a todas partes el mensaje de Jesús.
Con el paso del tiempo encontraremos a las hermanas de la Doctrina Cristiana establecidas en Chile, Guinea, y hoy en Colombia y Perú. El Espíritu de Jesús no conoce fronteras.
Con su labor evangelizadora las hermanas promueven la evangelización integral de acuerdo con una concepción cristiana de la persona y del mundo, preparando a los niños y niñas, a los jóvenes..., para dar respuesta a los retos actuales de la sociedad y a los compromisos con la familia.
La Congregación fundada por Sor Micaela superando dificultades se entrega a la tarea evangelizadora. Las Hermanas de la Doctrina Cristiana prosiguen su camino transmitiendo el mensaje de Salvación de Jesús y dispuestas a dar la vida generosamente para los demás. Con alegría, disponibilidad y sencillez, tratan de vivir según el Evangelio, ser testigos de su luz y sembradoras de su esperanza.
Hoy veneramos el testimonio de 17 hermanas mártires que dieron su vida a causa de la fe, en 1936. Fueron beatificadas por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995.